Sistemas no tripulados al servicio del mundo: para qué está diseñado el MQ-9B SkyGuardian de General Atomics
Más grande, con mayor autonomía, certificable para el espacio aéreo civil y operable con menos personal: con el MQ-9B como ejemplo, GA-ASI muestra hacia dónde avanzan los sistemas no tripulados, desde la lucha contra incendios forestales hasta la búsqueda automatizada de vehículos.

Las aeronaves no tripuladas ya han cambiado el mundo en varias ocasiones y siguen desarrollándose para afrontar nuevos desafíos. A la vanguardia de la nueva era de la aviación no tripulada se sitúan aeronaves más grandes y capaces, aptas para más misiones, y más variadas, que nunca. Al mismo tiempo, los sistemas no tripulados de este tipo cuestan menos y requieren menos personal de apoyo.
El mejor ejemplo es el MQ-9B SkyGuardian fabricado por General Atomics Aeronautical Systems (GA-ASI). Esta aeronave pilotada a distancia de nueva generación resulta conocida y probada, ya que procede de una flota con más de ocho millones de horas de vuelo; sin embargo, es más grande, mejor y más versátil que nunca. Como el MQ-9B se basa en una plataforma probada y madura, puede ampliarse de muchas maneras con un gasto y un riesgo comparativamente bajos, en comparación con una aeronave completamente nueva.
En comparación con su predecesor, el MQ-9B no solo es más grande, sino que también tiene una mayor envergadura. Por ello, admite más combustible y logra un alcance mayor que los modelos anteriores. Según la configuración, el MQ-9B permanece en el aire 30 horas o más. En consecuencia, son mayores tanto la distancia que puede recorrer en línea recta –por ejemplo, en un vuelo de un punto a otro– como el tiempo que puede pasar en el aire en misiones de reconocimiento.

Son precisamente estos vuelos de largo alcance los que hacen tan valiosos a los sistemas no tripulados. Como estas aeronaves permanecen en el aire mucho más tiempo del que jamás podrían las aeronaves tripuladas, abren a las autoridades muchas más opciones en misiones importantes.
Con el MQ-9B, las autoridades civiles pueden cubrir grandes áreas, por ejemplo en búsqueda y rescate o en la ayuda en catástrofes. En los últimos años, los sistemas no tripulados también han desempeñado un papel importante en la lucha contra los incendios forestales.
Un vehículo aéreo no tripulado (UAV) puede permanecer largo tiempo sobre una zona y transmitir imágenes de video en vivo de lo que sucede en tierra, en color y en movimiento completo. Esto es posible gracias a un sensor de designación de blancos electroóptico e infrarrojo situado en la parte delantera de la aeronave, que funciona de día y de noche. Gracias a su radar de apertura sintética (SAR), la aeronave también puede ver a través del humo, las nubes, la bruma, la niebla u otros obstáculos.
Sistemas no tripulados para la gestión de catástrofes y la ayuda humanitaria
Los incendios forestales ilustran otra función valiosa del MQ-9B: la de plataforma de gran autonomía y extremadamente estable para muchas cargas útiles diferentes. Un dron sobre un incendio forestal puede, por ejemplo, transportar equipos de comunicaciones. Los bomberos en tierra utilizan entonces la información de la aeronave no solo para coordinar sus operaciones y vigilar su seguridad. También pueden usarla para establecer enlaces de radio con equipos que, de otro modo, no podrían mantenerse en contacto debido al terreno o a otras circunstancias.
Las aeronaves pilotadas a distancia también se han desplegado ya durante huracanes, inundaciones y otras catástrofes naturales. En operaciones de búsqueda y rescate, controles aduaneros, patrullas fronterizas y otras tareas, en algunos casos se han vuelto indispensables. Las nuevas aplicaciones son infinitas, entre ellas la recuperación de víctimas de avalanchas y el apoyo al rescate en montaña.
Además de su gran autonomía y versatilidad, el MQ-9B debe su papel de liderazgo al uso de nuevas tecnologías. Es la primera aeronave de su tipo diseñada desde cero para obtener la certificación de las autoridades nacionales de aviación. Su sistema de detección y evitación (detect and avoid) le permite utilizar el espacio aéreo civil como cualquier otra aeronave, lo que revoluciona la cooperación con otras aeronaves.
Hasta ahora, las aeronaves no tripuladas necesitaban un permiso especial de las autoridades nacionales de aviación. Para ello se requería o bien una aeronave tripulada de escolta, o bien un corredor propio en el espacio aéreo para el tráfico aéreo no tripulado, cerrado a todo el resto del tráfico. Con el MQ-9B, todo esto ya no es necesario.
Las cámaras, los sensores y los equipos de comunicaciones del sistema de detección y evitación proporcionan a los pilotos información sobre el tráfico aéreo circundante equivalente o superior a la que reciben los pilotos en la cabina de un vuelo tripulado convencional. Los pilotos del MQ-9B hablan por radio con los controladores aéreos igual que los aviadores convencionales. El sistema está probado y acumula más experiencia cada día. Ya en 2021, por ejemplo, el control del tráfico aéreo británico trabajó de forma excelente con el SkyGuardian.
Estas aeronaves vuelan con regularidad para la Royal Air Force, la Guardia Costera de Japón y la Armada de la India, y cada vez más usuarios en todo el mundo las emplean. Como ventaja adicional, el SkyGuardian ofrece un alto grado de intercambiabilidad e interoperabilidad entre naciones aliadas.
Nueva tecnología y menos personal
Unas alas largas, una estructura ligera de material compuesto y un económico motor turbohélice proporcionan al MQ-9B la máxima autonomía con un consumo mínimo de combustible. Esto hace que el sistema sea considerablemente más barato que una aeronave de reconocimiento convencional y, además, mucho más respetuoso con el medio ambiente. Un software moderno, desarrollado igualmente por General Atomics Aeronautical Systems, aporta aún más innovación y versatilidad.
La siguiente etapa consiste en que se necesiten menos personas para operar estas aeronaves. Otro paso es lograr que más aeronaves trabajen juntas y ampliar su abanico de tareas. Hasta ahora, cada vehículo aéreo no tripulado en vuelo estaba atendido por su propia tripulación de pilotos y otros especialistas en una estación de control en tierra, que se encargaba de la operación y de la misión.

Sin embargo, las nuevas funciones de GA-ASI reducen considerablemente esta carga de trabajo. Unas aeronaves cada vez más autónomas necesitan cada vez menos tripulantes humanos. Al mismo tiempo, las aeronaves y el software de apoyo pueden asumir una parte cada vez mayor del trabajo, a menudo monótono, que forma parte del oficio de los sistemas no tripulados.
Un escenario de ejemplo: la policía nacional recibe un aviso de que una determinada furgoneta azul transporta contrabando y ahora debe localizarla. Antes, una aeronave no tripulada patrullaba la zona mientras especialistas humanos vigilaban sus monitores en busca del vehículo. Se hacía a la antigua: rastreaban sin interrupción la zona en cuestión hasta encontrarlo… ¡si es que lo encontraban!
Con las nuevas funciones de la aeronave y del software, el sistema pudo buscar y encontrar el vehículo azul por sí solo. Los operadores reciben entonces un mensaje de que la furgoneta ha sido detectada. Así, las autoridades pueden pasar a la siguiente fase de la operación, por ejemplo enviando a agentes que se encuentren cerca para detener la furgoneta.
Todo ello es posible gracias a un alto grado de automatización de la aeronave, al aprendizaje automático en el software de apoyo y a la inteligencia artificial en los procesos utilizados para procesar, explotar y difundir la información. Las aeronaves de última generación son necesarias para el desarrollo de los sistemas no tripulados, pero no lo son todo: es igual de importante conectarlas con funciones de software de última generación y con otros sistemas.
General Atomics Aeronautical Systems se considera a la vanguardia en este campo. Por eso, el MQ-9B tiene tanta demanda entre las autoridades competentes de todo el mundo.
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