Guerra de drones: el coronel Markus Reisner extrae las lecciones de Ucrania en DroneVation 2026
Zona de la muerte, drones de fibra óptica, alambre de espino y armas de precisión debilitadas: en Viena, el coronel Markus Reisner explicó cómo la guerra de drones trastoca la conducción de la guerra y por qué las fuerzas armadas que no aprendan se verán sorprendidas mañana.

Los drones han dejado hace tiempo de ser un sistema de armas nuevo entre muchos otros. Desde el soldado de infantería en el combate hasta la campaña aérea estratégica, transforman la guerra en todos los niveles. En «DroneVation 2026» en Viena, el coronel Markus Reisner dejó clara la dimensión que ha alcanzado ya la guerra de drones. El experto en Ucrania, que dirige la formación de oficiales en la Academia Militar Teresiana, ofreció una descripción muy gráfica de un campo de batalla en rápida transformación. Su mensaje central: quien subestima esta evolución corre el riesgo de perder el contacto con la realidad de la guerra moderna.
En lugar de analizar técnicamente tipos concretos de drones, Reisner llevó al público en un recorrido por los conflictos actuales: desde Ucrania (-> Últimas noticias de la guerra en Ucrania) hasta Oriente Medio y las operaciones híbridas en Europa. En el centro había una tesis: los drones ya no se limitan a complementar a las fuerzas armadas existentes, sino que determinan cada vez más cómo se libran las guerras. A ello se suma, según dijo, una segunda dimensión que a menudo se subestima y que ahora gana peso: la lucha por el espectro electromagnético.
Europa, en el punto de mira de los ataques híbridos
El impacto de los drones hace tiempo que va más allá del campo de batalla. Reisner citó numerosos incidentes en Europa que afectaron a infraestructuras críticas, bases militares y aeropuertos. Cuando los aeropuertos deben suspender sus operaciones por avistamientos de drones, incluso los ciudadanos de a pie lo notan, señaló. Pero se trata de mucho más que de simples perturbaciones: los incidentes forman parte de un conflicto híbrido que busca alimentar la incertidumbre e influir en las decisiones políticas.
Esto se aprecia con mayor claridad en el apoyo a Ucrania. Mediante medidas híbridas y perturbaciones selectivas, Rusia pretende aumentar la presión sobre los Estados europeos y, al mismo tiempo, dificultar el traslado de capacidades militares a Ucrania.
Campañas aéreas en ambas direcciones
El eje de la ponencia fue el curso de la guerra en Ucrania. Rusia lleva a cabo ya por cuarta vez una campaña aérea estratégica contra el país, afirmó Reisner. Lo decisivo es la combinación de drones de ataque baratos, misiles de crucero y misiles balísticos: a menudo, los drones tienen la función de saturar y desbordar la defensa aérea ucraniana antes de que las verdaderas armas de precisión alcancen sus objetivos.
Reisner subrayó expresamente que los ataques rusos son eficaces: el suministro energético, los depósitos de combustible y otras infraestructuras críticas son alcanzados con regularidad. Sin embargo, en Occidente a menudo se pasa por alto que Ucrania también lleva a cabo ahora una campaña aérea estratégica contra Rusia. Con drones de largo alcance ataca objetivos en la profunda retaguardia rusa y ya ha dañado de forma considerable partes de la industria petrolera rusa.
Adaptación en ambos bandos
Según Reisner, el hecho de que Ucrania haya resistido hasta ahora se debe en gran medida a su capacidad de adaptación. Las Fuerzas Armadas de Ucrania derriban hoy una gran parte de los drones atacantes. Para ello recurren cada vez más a drones interceptores de bajo coste, mucho más económicos que los costosos misiles de defensa aérea.
No obstante, Rusia también aprende. A la defensa ucraniana le resulta cada vez más difícil, debido a nuevas contramedidas electrónicas, mejores tecnologías de navegación y tácticas adaptadas. El apoyo de los socios internacionales y, sobre todo, la importancia del espectro electromagnético desempeñan un papel cada vez mayor, indicó.
La guerra de drones en el frente: una zona de la muerte de hasta 50 kilómetros de profundidad
Reisner describió de forma muy gráfica la situación en el frente. Entre las partes en conflicto ha surgido una «zona de la muerte» de hasta 50 kilómetros de profundidad, en la que cualquier movimiento es detectado y atacado de inmediato. Las formaciones acorazadas pesadas apenas pueden avanzar allí; en su lugar, la acción está dominada por pequeños equipos de infantería, motocicletas y drones.
En este contexto son fundamentales los drones de fibra óptica con visión en primera persona (FPV). Como no se controlan por radio, las contramedidas electrónicas apenas pueden perturbarlos. Esto les permite atacar con precisión vehículos, posiciones y líneas de suministro muy por detrás del frente.
Las fuerzas armadas rusas, por su parte, disponen ahora de una imagen de la situación notablemente detallada que se extiende hasta 160 kilómetros por detrás de las líneas ucranianas. Lo hacen posible los llamados «equipos cazador-asesino» (hunter-killer teams): combinan drones de reconocimiento y de ataque y pueden así identificar y atacar objetivos casi en tiempo real.
Conceptos dados por muertos vuelven a escena
Una de las observaciones más sorprendentes de Reisner es el regreso de conceptos supuestamente obsoletos. El alambre de espino, por ejemplo, vive un renacimiento en el frente: los equipos de asalto rusos quedan atrapados en él y luego son atacados por drones. La situación recuerda cada vez más a la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, cuando las ametralladoras y las alambradas paralizaron la guerra de maniobras.
Las estructuras de protección improvisadas en los vehículos, las motocicletas para operaciones de asalto y los sistemas de camuflaje específicos contra sensores de imagen térmica también forman ya parte de la vida cotidiana en el campo de batalla. Lo que a primera vista parece improvisado suele ser el resultado de un brutal proceso de adaptación en condiciones reales de combate.
Armas de precisión occidentales bajo presión
Especialmente alarmante fue la valoración de Reisner sobre las armas de precisión occidentales. Sistemas como HIMARS, JDAM-ER, Storm Shadow y Excalibur sufren cada vez más por las capacidades rusas de guerra electrónica, afirmó. Como ejemplo citó el proyectil guiado de precisión Excalibur: en determinadas condiciones, su probabilidad de impacto ha caído de forma drástica.
La superioridad tecnológica por sí sola ya no garantiza el éxito, como demuestra la guerra. Cada vez es más decisivo poder adaptarse a las contramedidas del enemigo y hacer llegar rápidamente las innovaciones a las tropas.
Una mirada al futuro y al pasado
Al final de su ponencia, Reisner dirigió la mirada al futuro. Presentó conceptos en los que globos transportan drones a largas distancias y estos solo se activan en la zona objetivo. Puede sonar futurista, pero tiene precedentes históricos: desde los globos bomba austríacos de 1849 hasta los proyectos de globos británicos y japoneses de la Segunda Guerra Mundial.
En esencia, sin embargo, su mensaje fue: la innovación no tiene límites. Las tecnologías de drones y las contramedidas evolucionan tan rápido que las fuerzas armadas de todo el mundo deben cuestionar sus supuestos anteriores. Quien no aprenda hoy se verá sorprendido mañana por el campo de batalla.
Por ello, la conclusión de Reisner es inequívoca: la guerra de drones del futuro ya no es una visión, sino que ya está ocurriendo.
Créditos de las imágenes
© Unmanned Magazine/Sebastian FreilerSigue leyendo

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