La defensa antidrones necesita una nueva clase: argumentos a favor de una Gap Filler Air Defence
Drones baratos y modulares frente a una defensa aérea cara y difícil de conseguir. En su comentario, Moritz Vischer explica por qué a la defensa antidrones le falta una clase asequible, disponible y adecuada entre VSHORAD y CAFAD.

Mientras los drones son baratos, modulares y se consiguen con rapidez, nada de esto se aplica a la defensa aérea. El cambio tecnológico ha creado un desequilibrio que no puede eliminarse con los conceptos existentes. Por ello, la defensa antidrones necesita una clase de defensa nueva, asequible y pragmática: una Gap Fill Air Defence. Un comentario de Moritz Vischer.
La amenaza aérea crece, y hace tiempo que la alta tecnología ha dejado de ser su única base. La amenaza actual de los drones se apoya a menudo en paradigmas conocidos que, sin embargo, las tecnologías modernas amplifican de forma masiva. Gracias a la fabricación aditiva, a sensores compactos y baratos como los giroscopios y acelerómetros MEMS, a las cámaras térmicas y a baterías potentes, pueden construirse sistemas pequeños, ágiles y cada vez más autónomos. Como la producción está descentralizada, la modularidad es alta y la experiencia operativa se incorpora con rapidez, el número de plataformas de drones eficaces y ágiles crece sin cesar. Sin un nuevo planteamiento en la defensa, los defensores se enfrentan a un desequilibrio táctico y económico en su contra.
Buscar, seguir, batir: las funciones básicas de la defensa
Si se parte de que los paradigmas básicos del combate contra objetivos aéreos no han cambiado, queda claro lo que importa ahora: combinar las tres funciones básicas de búsqueda, seguimiento y neutralización de modo que puedan ejecutarse con la máxima eficiencia. Ante el gran número de atacantes potenciales, la resistencia a la saturación tiene hoy una importancia decisiva, tanto a nivel de plataforma como en los niveles superiores. La paradoja es que precisamente la especialización y la creciente complejidad perseguidas durante décadas repercuten ahora negativamente en las cantidades disponibles y en los plazos de entrega de los sistemas.

La pugna entre calidad y cantidad nunca se decide de forma definitiva; en el extremo inferior, sin embargo, puede delimitarse bastante bien, sobre todo en la defensa aérea. Si el sensor de búsqueda no puede detectar objetivos pequeños, o si la probabilidad de impacto y de destrucción del efector está mal dimensionada, el rendimiento del sistema se desploma de forma desproporcionada. Este efecto de corte se aprecia, por ejemplo, en los cañones y en los inhibidores.
En principio, la probabilidad de impacto no depende del calibre. Sin embargo, los calibres pequeños pierden mucha velocidad, lo que limita su alcance, e incluso una cadencia de tiro muy alta se desperdicia por la dispersión ya a distancias cortas. Los proyectiles sin autodestrucción suponen además siempre un riesgo para la seguridad (daños colaterales). Una densidad de subproyectiles suficientemente alta para destruir objetivos muy pequeños y una distancia de seguridad mucho mayor solo son posibles con espoletas de proximidad o munición programable (en los calibres mayores).
Así lo refleja el éxito actual de los calibres de 30 milímetros × 173 y, más recientemente, de 25 milímetros × 137. Otros calibres salen de la boca del cañón con una velocidad notablemente menor, como la munición de lanzagranadas de 40 milímetros y el calibre de 30 milímetros × 113, con consecuencias muy negativas, sobre todo en lo que respecta a la hipótesis de la defensa antiaérea (Flab). Esta regla práctica de la defensa antiaérea, sencilla, fundamental y aún vigente, indica los alcances eficaces y los límites del empleo de cañones. Se deriva del hecho de que la trayectoria del objetivo debe predecirse durante el tiempo de vuelo del proyectil.
En los inhibidores, en cambio, el punto de corte se está alcanzando actualmente con el control de drones por fibra óptica o con el uso cada vez más apoyado por inteligencia artificial (IA) de drones autónomos. Como consecuencia, el ya limitado efecto de las señales de inhibición externas ha perdido importancia con rapidez.
Asequible, disponible, adecuada: una brecha en la defensa antidrones
Si se condensan estas consideraciones, quedan tres palabras clave: asequible, disponible, adecuada. De ello se deduce casi inevitablemente que tendría sentido crear una nueva categoría entre la clase VSHORAD (en alemán, coloquialmente, Flugabwehr) y la CAFAD (Fliegerabwehr). Una categoría Gap Filler Air Defence de este tipo tiene en cuenta el umbral inferior (cut-off) de la complejidad necesaria sin que los costes se disparen a nivel de plataforma.
El hecho de que en la sociedad en general las categorías, los límites y las definiciones se vuelvan más difusos ha liberado enormemente el desarrollo de drones y municiones merodeadoras. Este espíritu lúdico y esta apertura deben llevarse ahora también al desarrollo de soluciones de defensa aérea adecuadas y asequibles. Sin duda es útil familiarizar con cuidado no solo a los desarrolladores, sino también a los responsables de adquisiciones y a los usuarios, con las ventajas, pero también con los límites, de las soluciones adecuadas, en el sentido de una «gestión de expectativas».
Siempre que se mantenga la seguridad de los usuarios, una cualificación adecuada también podría acortar notablemente el tiempo de desarrollo. Al final, el valor de aceptar lagunas bien podría ser la clave para cerrar con rapidez y a bajo coste la brecha actual de la defensa aérea.
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